vagón de tren
Soy un vagón de tren que vive de ilusiones. Como cualquier humano, cuento los días y orilleo las grietas de la nieve.
En los días fríos, albergo un cúmulo de lamentos que se cuelan por las paredes.
Como forma rígida pero viviente, siento y padezco, mas no tengo espejos ni renuentes. Por eso llameo los días y las noches, me alimento de grafitis e intemperie, respiro cada vez con más pellejos.
Por eso hay atardeceres que no comprendo, cuando son transparentes y la luz del sol se me clava por dentro.
A veces, en las madrugadas, me río de mí mismo y me quedo tan contento.